En los Hospitales Shriners para Niños, la salud y la seguridad de los pacientes, familiares, voluntarios y personal es nuestra máxima prioridad. Debido al avance de la situación causada por la COVID-19, estamos haciendo un seguimiento riguroso de las actualizaciones enviadas por los departamentos de salud locales y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), y estamos respetando sus recomendaciones al pie de la letra.

Si su hijo/a tiene una cita próximamente, comuníquese con el Hospital Shriners para Niños correspondiente.

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Jessie

Jessie

Tengo una fascinante historia para contar sobre mi vida y todas mis experiencias. Algunas personas lloran y a otras les encanta escucharla una y otra vez.

Mi historia es muy particular: tengo lesión del plexo braquial. No puedo usar el lado superior derecho de mi cuerpo. Mi brazo tiene una elevación de 90 grados en todo momento y no tengo sensación, excepto el dolor del miembro fantasma que es constante en mis dedos. También descubrieron que era oficialmente ciego en mi ojo derecho cinco meses después de mi cirugía.

Esto es solo un pequeño panorama. Miro las estadísticas que los médicos me dieron después de la lesión y si hubiera estado media pulgada más cerca de la bolsa de aire, estaría paralítico del cuello para abajo. Una pulgada más cerca, me hubiera muerto.

No miro estas discapacidades con lástima; sino que tengo en cuenta la pulgada que me salvó de la muerte y pienso que tengo que estar vivo.

No tengo razones para enojarme. Cuando tenía 9, cuando esto sucedió, era un niño que creció rápido, pero esto no impedía que hiciera cosas que hacían otros niños. Jugaba fútbol, básquet, tenis, me uní a los Boy Scouts, intentaba trepar en esas barras de juego. Todas esas cosas me dieron ideas de nuevas maneras en que podía mejorarme y competir con mis amigos. Tenía que esforzarme más para hacer las cosas que otros frecuentemente dan por hecho. Tomaba lo común y le agregaba un giro, para que poder disfrutar todas las mismas cosas que los otros niños disfrutaban. Esto me dio razones para considerarme alguien que no era discapacitado, pero eso generalmente no acepto un "no" como respuesta.

La vida nos pone constantemente obstáculos en nuestra dirección, pero si pasamos el tiempo anticipándonos y preocupándonos, no podremos disfrutar las oportunidades que se nos presentan.

Nueve años después, la vida sigue siendo diferente de la de alguien de 17 años. Entro y salgo de hospitales, siempre me entero de tecnologías nuevas y alentadoras que puede emplear para ayudarme. Mi amor por el fútbol se trasladó a la pasión por entrenar, lo que he hecho por cuatro años ya. He sido titular por cuatro años en el equipo de mi escuela secundaria, que este año ganó el primer título de conferencia de mi escuela. Todavía no he decidido qué quiero hacer de mi vida, pero sé que me gustaría compartir historias de perseverancia con personas que están desanimadas por su discapacidad.

Estos obstáculos me afectarán toda mi vida. Siempre estarán en mi mente, pero elijo no mortificarme con esos pensamientos. Pero lo que descubrí es que al final del día, me veo forzado a mirarme al espejo y aceptarme como soy. Entiendo que no podría haber pedido una vida mejor. Mi discapacidad me ha dado una visión diferente de la vida y oportunidades, y negarme a echarme hacia atrás ante desafíos y enfrentarlos con una sonrisa.

Conozca a algunos de nuestros otros pacientes especiales.